jueves, 24 de mayo de 2012

Lágrimas


Evidentemente tengo un dolor muy grande, semi escondido, que no ha querido salir del todo, hacer erupción de alguna manera.
No sé por qué motivo es exactamente, de donde viene.
Quizá sea porque estoy pasando por un período muy especial, quizá porque veo a mi madre cada día más chiquita, más pasita de uva y aunque no lo diga, tengo miedo.
Sé que no falta mucho, que Dios me ha regalado esta maravilla de tenerla conmigo aún, pero también sé que no puedo pedirle maravillas.
Lo confieso, me siento muy sola, por momentos tengo la sensación que el mundo se me viene encima, que no voy a poder con todo.
No sé como iré a reaccionar cuando ese día llegue, hay momentos en que deseo no permitirme pensarlo porque me paralizo, se me hiela la sangre.
Tengo la consciencia bien clara de que la muerte es como tantas cosas un proceso de la vida, algo ineludible, pero cuando se está aferrado a un ser tan querido como una madre, no es tan fácil.
Por eso entiendo tanto a quien pierde a la suya. Aunque trate de darle ánimos, de sacar a esa persona adelante con palabras para evitar que se hunda en la tristeza; en mi ser más profundo se que es una situación difícil de superar.
Y cuando dije que no sé como va a ser mi reacción, es porque todavía cuando recuerdo el proceso de cada una de sus enfermedades o situaciones médicas por las cuales ha pasado, no puedo evitar llorar calladamente. No puedo hacerlo frente a ella, no puedo hacerlo con nadie, porque difícilmente alguien pueda entenderlo, a menos que haya pasado por una situación similar.
La muerte de una madre es muy distinta a la de un padre, y no porque se quieran menos, sino porque el nudo afectivo es menor. La madre lo es todo desde siempre. El padre a veces está, a veces no. Es un apoyo o no. Es incondicional o no. La madre está como sea, es incondicional para lo que sea y soporta lo que sea.
Desconozco el motivo, pero hoy tengo un día muy triste, tanto como el cielo que en este día nos cubre.

Catarsis nocturna


Algunos días extraño no hablar contigo.
Aún pienso en el tiempo que ha pasado sin vernos y me parece mentira.
Tengo guardado cada recuerdo. Los buenos por supuesto. Los malos de nada valen.
No puedo desprenderme del amor que siento por el país, por las personas a quienes conocí y por la experiencia tragicómica que tuve en tres años.
Pero tampoco puedo desprenderme de aquellos buenos momentos en los que compartíamos lectura, música, conversaciones, risas y sexo.
En ciertos instantes añoro esa época, me abruma la nostalgia.
No sé que será de ti, pero supongo que estarás muy bien en todo sentido – como siempre – disfrutando de lo que te da la vida. Y me alegro por ti.
Cuando las evocaciones me invaden hundo mi cabeza en los estudios, en el trabajo. Ya no comento estas cosas con las personas allegadas a mí, con mis más amigas, ni con mi familia. Ninguno puede comprenderlo aunque se esfuerce.
Me pongo a pensar en mis avances, en mis cambios y me asaltan los deseos de contártelos, pero me doy cuenta que ya no tiene sentido. Para qué decirte que en facultad me va bien, que tengo el cabello castaño con reflejos cobrizos, que el trabajo está encaminado y que mi madre en octubre cumplirá 90 años?
Ya nada tiene razón de ser. Dejé de existir para ti desde siempre, desde que hubo una persona entre medio, desde que nació la mentira y tú le fallaste a la confianza que tenía depositada en tí.
Ese dolor no me lo quita nadie. Pero no guardo rencor. Como te dije, sólo tengo en mi mente los buenos momentos, el recuerdo de tu sonrisa, tu mirada bajo las largas pestañas, tus chistes, la forma en que bailabas cuando estábamos en casa, la manera en que leías en voz alta, tus charlas sobre política, tecnología, historia o lo que fuera.
No sé si fuiste el hombre de mi vida, lo que si sé es que me marcaste para toda la vida, con alegría y tristeza, con amor y dolor.
Que seas feliz. Al menos no me siento culpable, te dejé volar.

24 de mayo 2012

miércoles, 23 de mayo de 2012

A de alegria, de amor, de ansiedad...


Te conocí hace un año y medio, pero te desconocía.
Te conocía por miradas, pero no conocía tu interior.
Poco a poco te has ido abriendo, me has regalado las sonrisas más hermosas, los tonos de voz más sensuales, las miradas más provocativas.
Te has detenido en mis ojos, me he detenido en los tuyos.
Me has traspasado, me has hecho temblar.
Deseo verte todo el tiempo, pero cuando no te veo no me olvido de ti.
Quiero que pronto llegue un nuevo día para encontrarte.
No sé que sucederá, si es que sucede algo.
Lo que si sé es que estar cerca de ti me hace feliz.
Hoy te sentiste mal, quería cuidarte, no sabía como hacerlo… pero lo haré desde mi pensamiento.
Jamás pensé que tú, hombre lejano, te acercaras tanto a mí. El roce de tus dedos en la punta de los míos, a escondidas… Que haré estos dos días sin tu presencia?
Quisiera que supieras lo que me sucede, que te enteraras lo que en mí estás produciendo.
Buenas noches dulce hombre, que te mejores… cuidate.

jueves, 10 de mayo de 2012

flotapesquerauruguaya: Maria laura-Albamar y Copamar

flotapesquerauruguaya: Maria laura-Albamar y Copamar: MARIA LAURA-Astillero del litoral (paysandu-uruguay) 1980,eslora 27.15,trb 190,motor 680 hp,calado 3.60. Actualmente dedicado a la captura d...